El encanto de los aperitivos

La sencilles de un complemento que nació para brillar, con la humildad de los grandes.

Por | TIERRA DE TANNAT

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NEGRONI | Gin, Vermut Rosso, Campari y naranja 

"Los aperitivos (como casi todo en la gastronomía), tiene que ver con las personas, con el encuentro, con la cultura y con el deseo.  Su mayor valor es simbólico y ritual, con un denominador común: la celebración.

Los aperitivos, por definición, son pequeños entrantes de comida acompañados de bebidas que se consumen previo al inicio de un almuerzo o cena. Formalidades a un lado, todos sabemos de que estamos hablando: picada, tapeo, pintxo o antipasti. Distintas caras de una misma moneda; el infaltable para la previa que se puede robar los aplausos.

Un poco de  historia 

Se dice que:

  • El origen de la palabra "aperitivo" viene del latín "aperire", del verbo abrir. De ahí la idea de “abrir el apetito”.

  • Su origen se encontraría en el siglo V aC. en la antigua Grecia, cuando Hipócrates, habría creado una bebida a base de vino y hierbas, de intenso sabor amargo, que se utilizaba en tratamientos estomacales. Su particular amargor actúa sobre las enzimas contenidas en la saliva como un estimulante, provocando así una reacción que acelera el proceso digestivo.

  • En manos del imperio romano se expandió por toda Europa, incorporándose así como un hábito en los pueblos de influencia.

 

  • En 1786, en turín (Italia), Antonio Benedetto Carpano crea el vermut tal como lo conocemos. Esta bebida a base vino, ajenjo y otros botánicos, se convirtió en el ícono de los aperitivos, tanto como bebida en si misma, así como un ingrediente clásico de la coctelería.

La  magia  como ingrediente

Más allá de su definición, los aperitivos -como casi todo en la gastronomía-, tiene que ver con las personas, con el encuentro, con la cultura y con el deseo. Y en torno a esto, en mayor o menor medida, siempre esta presente la comida. A veces para agasajar, otras veces como pretexto para la ocasión, como seña de identidad o placer puro y duro. Algunos se han convertido en clásicos, llegando a ser íconos de la huella gastronómica de un país. En otros casos, la vanguardia culinaria y la cocina de autor apuestan a la innovación constante y virtuosa. En cualquier caso, el mayor valor es simbólico y ritual, con un denominador común: la celebración. 

A través de ellos podemos reconocer tradiciones, acercarnos a la cultura autóctona, alimentar recuerdos y experimentar con sabores, aromas y texturas. Y en este sentido, cobra valor tanto el alimento como el interlocutor. La comida es sinónimo de reunión, en el sentido más amplio del término. Y de reunión como ocasión para la celebración. No necesariamente de festejo, si no de celebración. Cocinar es el ejercicio noble de pensar en el otro, cada detalle, donde lo ético subyace a lo estético, es su esencia. La consagración misma de la gracia absoluta, representada en el pan y el vino. 

 

El aperitivo es la bienvenida a la mesa, es la primera impresión, aunque muchas veces subestimado por su aparente simpleza. Es tan versatil como cualquier otra instancia del menú, y cuenta con una ventaja clave: está liberado -al menos en parte- de cualquier prejuicio tecnocrático de los heruditos del maridaje. Solo así puede ser aceptada la sana costumbre de adormecernos el paladar con un whisky tempranero. 

Vacanal  criollo  

Por último, cabe preguntarnos entonces, ¿podemos hablar de aperitivos criollos? ¿Cuáles son? Por lo pronto, podemos pararnos en tres consignas: lo autóctono, lo tradicional y, por qué no, lo que las nuevas culturas migrantes aportan para enriquecer. ¡Que nunca falte!

¡Salud!

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