GASTRONOMÍA

El café: Primera parte

Origen y leyendas de un amargo placer de sobremesa

Por Erika Valecillos

café

BARISTAS | El arte y la creatividad al servicio del café.

"Muchas versiones tenemos sobre el origen del café, lo más importante es a dónde nos transporta a cada uno. Para mi, donde huele a buen café, huele a hogar, a las casas"

“Ese buen elixir que es el café pone en nuestros corazones su llama negra; gracias a él, orgullo de su victoria, el espíritu sutil ha triunfado”

                                                                                     Theodore de Banville

De los mayores placeres que hay en la vida es comer, e indudablemente también, disfrutar un buen café. Aunque no todos los paladares son flexibles al amargor y acidez del mismo, o su aroma. Les confieso que yo me considero una amante empedernida del café: su textura, cuerpo, sabor y olor me encantan. Dicen que el café, los habanos y el ron son los tres ingredientes que sirven para prolongar y hacer amables las sobremesas y que espiritualizan las comidas opíparas. 

¿De dónde viene este elixir  mágico ?

Muchas versiones tenemos sobre el origen del café, fábulas, anécdotas, leyendas; la biografía de esta gran bebida, vitamina del espíritu, pausa de bienestar, elixir de la conversación, néctar de los pensadores, perfumada y reconfortante, que es parte de nuestra gastronomía, de nuestro día a día, de nuestro existir. 

En un viaje realizado a Abisinia, en el siglo XV, el jeque de nombre Abd-El-Kader se enfermó y probó la infusión en Kaffa para aliviarse. El mufti se curó, y lo que más le impresionó fue el poder

estimulante de la bebida. 

 

El Journal Italien des Savants, del año 1671, recoge otra leyenda: “Hacía el año 1400 un guardián de Etiopía, de camellos, se quejó a los monjes de un convento cercano que algunas veces sus camellos no

dormían y saltaban toda la noche, en lugar de entregarse al descanso. Este señor pensó que ésto debía ser efecto del pasturaje. Se fue a los lugares del pasto y observó que cada vez que los animales pasaban la noche a saltos habían comido un arbusto cuyo fruto les atraía mucho. Recogió entonces unos granos y se propuso conocer sus cualidades. Les hizo hervir en agua y al beberla observó que, efectivamente, se desvelaba. Pensó entonces en dárselos a los monjes para que no se durmieran en el oficio de la noche y se vio que este fruto tenía muchas otras cualidades”.

 

Hadj Umar, un morabito quien vivía desterrado en una cueva cerca de Moka, en los alrededores de La Meca, atenazado por el hambre, hacia el año 1282, tuvo la idea de tostar una baya de un arbusto silvestre y luego cocinarla en agua y tomar la infusión, lo cuál le permitió sobrevivir, como si fuese un milagro, y así lo creían los habitantes de Moka.

Otras versiones sitúan el café como descubierto en Etiopía o en Persia. Otra leyenda nos cuenta que el Muftí de Adén, tomó un “agua milagrosa” preparada con unas semillas traídas de Etiopía, recuperó sus fuerzas, pues estaba completamente debilitado. Le dió el nombre de Cahuha que en árabe significa fuerza, vigor. Los turcos a su vez convirtieron la palabra Cahuha, Cahoueh, Gaweh, Qahwa, en Kahve, sin la hache al final, lo que al pasar a caracteres occidentales dió origen a la denominación de CAFÉ.

 

El café presente en todas las  culturas 

Sea cual fuere el origen o etimología de la palabra, en la mayoría de las lenguas no hay mucha variación fonética. En español, portugués y francés, Café; en inglés, Coffee; en italiano, Caffé; en esperanto, Kafva; en húngaro, Kave; en rumano, Cafea; Kahue en turco; en alemán, Kaffe; Kafeo en griego; Koffie en Holandés; en camboyano Kafé; en ruso, Kophe; en chino, Kia-Fey; en polaco, Kawa.

 

El café es una planta, la cual se clasifica como Robusta o Arábica, según su especie botánica, aunque hay más de cien especies diferentes; pertenece a la familia de las rubiáceas y al género “coffea”.

 

Bueno ya después de haber pasado por todas las historias rocambolescas del origen del café, creo que como con todo, lo más importante es a dónde nos transporta a cada uno. Para mi donde huele a buen café, huele a hogar, a las casas… Con decirles que si viajo lo primero que meto en la mochila/maleta es mi cafetera, un molinillo y mi buen café en granos. Hay muchísima tela de donde cortar en lo que respecta este tema. Así que este artículo es la primera parte sobre este tema delicioso. En la próxima edición estaremos viendo un poco el tema de las cafeteras, el café y las cafeterías en Montevideo.

El día de hoy les comparto una receta que me encanta para acompañar con un buen cafecito, es una receta muy sencilla y riquísima, que podemos adaptar/saborizar con lo que tengamos a la mano. Un día Ander (un gran amigo y cocinero) me dio un pedacito de este budín y se convirtió en mi favorito, es tan cremoso y húmedo… ¡y tiene una miga espectacular! ¡Gracias Ander!

 

BUDÍN DE POLENTA Y MANDARINA

Ingredientes:

200 grs de manteca a temperatura ambiente

200 grs azúcar

Ralladura y jugo de 2 mandarinas grandes (3 medianas)

3 huevos

½ cucharadita de sal

300 grs harina

120grs polenta

1 cucharadita polvo de hornear

 

Preparación:

Batimos la manteca, el azúcar y la ralladura de mandarina hasta que estén bien cremosas y cambien de color (cremar). Agregamos los huevos uno por uno, mezclando cada uno por un minuto. Agregamos los ingredientes secos previamente cernidos. Primero la mitad, incorporamos bien y agregamos la segunda mitad. ¡No sobremezclar! Incorporamos el jugo de la mandarina. 

Mandamos al horno caliente a 165º C en un molde previamente enmantequillado y “enharinado” con polenta por aproximadamente 30 minutos.

 

Montaje soñado:

Servir con un buen dulce casero o crema inglesa y, ¡un cafecito recién hecho!

 

Hablemos de comida sabrosa, local y de temporada.

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